Sinceridad. Menuda palabra. Se nos llena la boca cada vez que la decimos y con cuanta facilidad la obviamos. Es de las cosas que más se nos exigen, a todos pero, en el momento en que lo apliques de forma constante o en un contexto que no sea el idóneo para la otra persona, acaba y vamonos.Es la eterna y constante discusión de verdad contra mentira. ¿Es correcto decir toda la verdad, ser total y absolutamente sincero? ¿Es tan mala la mentira, tan perjudicial? Estas preguntas tendrán un montón de respuestas, desde las más concisas (si o no) hasta verborreas que sólo importan a su autor (mi caso :P).
La verdad muestra la realidad tal cual. Todo lo que podamos intentar esconder, ocultar, aquello que no queramos ver, escuchar, todo lo que deseemos no saber; no tiene cabida en este contexto. Somos propensos a desear un conocimiento amplio de todo lo que nos rodea, de las personas que están a nuestro lado, de las situaciones que se nos plantean... pero, ¿a qué precio? ¿Es realmente así?
Si la realidad fuese de esta manera, no existiría la mentira, no sería necesaria. Conocer las cosas como son en verdad no nos hace felices. Conocerlas como nosotros queremos que sean, como deseamos percibirlas, si nos hace felices y es en estos casos donde entra la mentira, intencionada o no.
Todos somos, en cierta medida, hipócritas. Criticamos muy fácilmente a todos aquellos que no son sinceros del todo, que nos mienten, pero no nos hemos parado a pensar cuantas veces hemos mentido nosotros de igual manera o peor. Realmente no se hace siempre por maldad, en absoluto, la mayoría de las mentiras son piadosas, no buscan hacer el daño, al contrario; pero no son la verdad, a fin de cuentas.
Lo que si es verdad, y que será imposible de arreglar, es cuando la concepción de alguien nos cambia, que a quien conociamos no ha sido nunca quien ha dicho ser y nos hayamos ante la peor mentira de todos, injustificable: el haber vivido una falsa realidad, llena de falacias.
Para poder vivir del lado de una sinceridad y verdad totales, nosotros debemos ser los primeros en guardar la mano sin tirar la piedra.

me encanta
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