En la vida hay decisiones, hay momentos y situaciones que nos marcarán para siempre. Uno mismo es el único que logra comprender la magnitud del hecho que le afecta y el único que se puede sacar a sí mismo hacia adelante, pero sin ayuda no es que sólo sea más complicado, sino que se hace insufrible.No hay un salvador, eso esta claro, pero agacharnos y esconder la cabeza para enfrentarnos en la soledad a nuestro problema no es la actitud correcta. ¿Por qué contar a un amigo que tienes un problema de este tipo, no decirle exactamente que es? Es totalmente injusto que se haga eso.
La confianza que has depositado en esa persona es muy alta y, además, si es alguien que se preocupa por ti, ¿por qué negarle una explicación? ¿Por qué negarse a salir? ¿Por qué pretender que se mantenga impasible? No creo que se pretenda nada malo ni desconcertar a nadie. Lo único que resulta ser es una llamada de socorro desde el silencio.
Todos queremos ser ayudados, todos queremos ser queridos, comprendidos y estar arropados por un conjunto de personas que nos llenan, nos nutren. A veces no sabemos que hacer para llamar la atención sobre algo que nos pasa, no queremos implicar a nadie en nuestros problemas, y es una estupidez. Nadie se meterá a ayudarnos, a ser la mano que nos consuele, a poner el hombro, a abrazarnos para sentirnos protegidos y queridos; sino abrimos antes una puerta y que se meta por propia voluntad.
Seguiremos sangrando, seguiremos dañándonos si cerramos antes, incluso, de que hayamos visto quien se puede encontrar al otro lado. La insistencia no es una mala consejera, pero debemos medir como utilizarla. Quien no busca ayuda en quien tiene alrededor es porque no quiere ser ayudado o, por lo menos, no quiere tener el consuelo de alguien. No somos de piedra, no somos máquinas, una mano amiga nos puede hacer la etapa que pasamos más transitable, no la obviemos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario