Es raro decirlo por estas fechas, pero si, el invierno llegó y a lo bestia. Como estoy en Murcia, pues lo he notado pero me he maldecido porque aquí sólo ha caído un poco en las montañas, maldita sea. Puede que cualquier madrileño o de otra ciudad afectada por el manto blanco me escupiría a la cara por esta queja, pero no lo creo, lo más seguro es que me soltarán: triste.Dejemonos de tonterias y vayamos al grano, que se me va la pinza y luego ya la armamos. El invierno, aunque muchos se quejen, es una de esas épocas en las que estamos en un extremo de la balanza. En verano, venga a despelotarnos, a quitarnos cosas de encima y siempre es imposible, no hay quien pueda con el calor. En estas fechas parecemos todos el "precioso" muñequito de Michelin y ya ves que gracia, no queremos salir de casa porque se nos hielan hasta los cojones. Quizás es porque yo sea canario y en las islas siempre se mantiene una temperatura estable, pero eso me entristecía. No disfrutar de esos cambios, de esas subidas y bajadas no era un aliciente.
Algunos pensaran, ¿pero qué coño dice el chalado este? Pues si, señores, seré raro, ¿y qué? Me siento feliz por ello. Me da una envidia tremenda que los madrileños puedan salir a la calle y ponerse a hacer munecajos de nieve, las casas encapotadas, las calles como si tuviesen una alfombra... Es envidia pura y dura, porque en Canarias podía ir a la playa en invierno, pero es algo que hago a lo largo del año (¿será por eso que le he perdido el aliciente a ir a la playa?). Los cambios de estaciones no sólo afectan al tiempo y a la temperatura, nos afectan a todos, a nuestro estado de ánimo, a nuestra mentalidad, por eso decimos que nos gustan más unas que otras, porque depende de cual, nos sentimos mejor o peor.
Viva, ahora entiendo porque los canarios estamos tan locos, como si tuvieramos estaciones, nos volvemos anodinos. Que va, quizás por eso parecemos felices todo el año.

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