Dormir es una necesidad, es innegable, nuestro cuerpo necesita descansar pero, por encima de todo, nuestra mente. ¿Qué ocurre cuando no lo hacemos? Pues que entendemos de donde salen esas imágenes que todo realizador de películas tiene sobre los zombies: salir a la calle y mirar a cualquiera con unas ojeras que le ocupan media cara, despistao, pálido y al que los ojos se le cierran poco a poco.Todo esto está muy bien, pero en la sociedad, más que en la sociedad, en el momento que vivimos, parece que el sueño se ha convertido en un privilegio. No se trata del stress por el trabajo, los estudios o las tareas que se tengan que hacer. Se nos demanda tanto hoy en día que nuestra mente no es capaz de parar cuando nos acostamos (quizás estoy hablando de mi tema en particular, pero lo he visto en otras personas), no somos capaces de desconectar de la realidad del todo. Esto provoca que, pese a que durmamos, no lo hagamos placidamente. Es que manda huevos y, que pese a ello, todo salga bien, si es que nos merecemos un templo en nuestro memoria.
Dormir no es una obligación, no es un derecho, es una necesidad imperiosa de salir de la realidad que se arremete contra nosotros, nos absorve y nos consume. Pasamos la mitad de la vida durmiendo, hoy día no creo que lleguemos a un tercio. Todo esto debe hacer reflexionar, no sólo en cada uno de nuestros casos, sino al mundo en general, que esto no conlleva nada bueno. Caguen, y yo quejandome ahora con las horas que son y escribiendo esto. Bien por mi y por mi insomnio, que se mejora día a día porque lo dicto así. Dormir mola, cojones, lo que no hagamos hoy lo haremos mañana.

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