domingo, 11 de enero de 2009

El valor de las cosas


Hace años que llevo oyendo la misma cantinela: los estudiantes son unos vagos, no muestran ilusión, son un desastre, bla bla bla. Es verdad que en todos lados cuecen habas pero, por dios, que parecemos la lepra, el cáncer que provocará que el mundo se destruya, que se oye que eres estudiante y te miran como diciendo: ah, ¿qué tu labor es ser vago?

No, no y no. El problema que hay es la poca falta de alicientes que se dan y la facilidad con que se pierde el interés por lo que atañe al estudio. Seamos claros, a nadie, por mucho que se diga, le gusta estudiar, me uno a ellos, es un peñazo tener que tragarte hojas y hojas sobre conocimiento. El punto no es el conocimiento que ello te pueda aportar, no creo que a la gente le importe demasiado, sino el valor que le queramos dar, pero ese valor no se consigue por nosotros mismos, sino por la persona que los imparte.

¿Quién me habría dicho hace años que lo relacionado con el arte me iba a interesar? Nadie, en absoluto. Mi caso viene de que yo nunca di arte en el instituto ni en el colegio, ni me importa en absoluto. Llegué a la universidad, y al tercer año me toco impartirla. Escuche mil y una veces lo de que era un pestiño. A los dos días la adoraba. ¿Por qué? Por quien la impartía. Es verdad que el tema me interesaba, pero si tenemos a alguien que no ponga interés, no ponga ganas en lo que da, nos quedamos en nada.

Los estudios no pueden estar obligados a nadie, es verdad que son un conocimiento necesario, pero no pueden ser una imposición, eso provoca que no se los valore y se los niegue. Es normal que todo no guste, es normal que no todos los profesores sean del agrado de todo el mundo (y muchas veces ellos mismos se lo buscan), pero que haya sólo una asignatura que guste es por algo. Hago una llamada no sólo a profesores, sino a nosotros también, valoremos un poco más todo, podemos descubrir cosas que nos inspiren, que nos completen un poco más, que nos hagan ver todo desde otro prisma, y no nos abandonemos mutuamente, demonos siempre una oportunidad, puede que no lleguemos a estar de acuerdo, pero todo se nos hará más ameno y fácil. Profesores, no provoquen con sus palabras a que alguien se sienta menos o deje algo que le guste por ustedes, planteénse su época en la que pasaron por nuestra posición y lo que les gustaría que hubieran hecho sus docentes en esa ocasión.

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